Trabajo con empresas como …

… como la de Andrés Payá . Una empresa de las de toda la vida, en apariencia, una más del sector mayoritario del pueblo (allí todos son experto en el tema).  Está tan metida en el sector, tan empapada de lo que se ha hecho siempre, “como se ha hecho siempre” que cuando habla con su equipo de confianza, ante los retos del mercado primera explicación es, también, la de siempre:

  • “el mercado se ha parado, por la crisis”
  • “para crecer hay que vender más, vender a más gente”
  • “para vender más hay que bajar precios, porque la gente ahora, lo que quiere es comprar barato y la competencia es muy dura.”

Pero la intuición le dice que se puede hacer algo más. Es decir, algo distinto, algo mejor, algo divertido quizás. De hecho tiene ganas de hacer algo diferente con esa empresa que ha heredado. Porque las cosas no van mal, la empresa está consolidada, tiene clientes fieles (de toda la vida), … Pero ¿y si hacemos que se note el cambio generacional (y de siglo)? ¿y si probamos una nueva línea de producto o creamos una nueva marca? ¿y si probamos una publicidad distinta?

Tiene claro que se diferencia de la competencia. Pero le cuesta dejar claro en qué son diferentes. Al fin y al cabo comparten clientes, en precios van a la par y en calidad, tiene todo ese saber hacer acumulado por el entorno y un par de generaciones dedicándose a lo mismo. Y su producto está ahí en medio del sector, con sus ajustes y sus pequeños movimientos.

Pero, como digo, la empresa de Andrés, tiene sus diferencias, sus particularidades, como todas. Andrés lo sabe, pero aún no les ha sacado partido.

Y todos estos dilemas ¿por qué? porque no ha tenido tiempo de pararse a pensar y, mucho menos, de pensar estratégicamente en términos de relaciones interesantes con públicos interesantes. Pero sabe que algo tiene que hacer, sabe que hay un potencial esperando ha ser usado para diferenciarse de la competencia.

el problema nº 1: las dudas constantes y no saber por dónde empezar.

Me encanta ser dueña de mi empresa. Me gusta la idea de construir mi entorno de trabajo, elegir a mis clientes y colaboradores, y decidir el rumbo de mi profesión.

Sin embargo hay una constante en mi vida empresarial que me persigue como un resfriado mal curado. La angustia ante la multitud de opciones para actuar.

Ser empresaria es un camino que recorres, con sus paisajes, sus cambios de temperatura, tus cambios de ánimo y motivación y tu cansancio. Por eso hacerlo en solitario es tan duro.

A mi me pasa y lo veo cada día en mis clientes, aunque tengan empleados y/o socios, elegir un línea de trabajo y llevarla a cabo es un trance. Y cuanta más imaginación y más ganas de hacer cosas tienes, más ansiedad eres capaz de generar ¿a que sí?

Si, además, añadimos un poco de perfeccionismo y todos los casos de éxito que te han contado, que parece que lo han conseguido apretando dos botones de fb, el sentimiento de confusión, incluso de culpabilidad, es tremendo. (Yo tengo notas sobre proyectos que quise iniciar y que hace años que he abandonado y aún me siento mal cuando me las encuentro.)

El método del contraste experto o la conversación estratégica. Las RR.PP. socráticas

Cuando he contrastado mis ideas con una persona experta, la mayor parte de esa angustia se ha diluido dejando paso a acciones que dan resultado.

Para mi hablar es el primer paso para materializar mis ideas. Al tener que convertirlas en frases coherentes, dejan de ser sensaciones e imágenes y se convierten en “cosas” que puedes manejar, puedes descargarte de ellas.

Ojo! hay que hablar con un experto. Porque cuando hablas con alguien que no lo es, todo empeora. Aunque no lo sepas detrás de tus mejores amigos y tu querida familia, se esconden cenizos y listillos en diferentes grados, (además de los que no quieren opinar, porque no saben del tema, pero te dicen lo que piensan) y con la mejor de sus intenciones te pueden hundir en profundidades que no sabias que existían.

Se trata de exponer tus expectativas e intuiciones a alguien que sabe del tema. Le cuentas tus planes, que todavía son un boceto del Plan, a alguien que conoce el proceso que estas viviendo y que no está contaminado por tus miedos, pero que sabe ver riesgos y oportunidades.

Así tienes la tranquilidad de que alguien que quiere tu éxito, te escucha y te dará las soluciones, en la forma que necesitas y que mejor se ajustan a tu situación (hoja de ruta, herramientas o planes detallados).

Tu sigues teniendo el control y la última palabra. Tu haces la acción, pero las opciones entre las que elegir se reducen, porque las han seleccionado para tu proyecto. Las han pensado contigo en una especie de método socrático.

Ahora viene el hacer, ese es otro tema.

 

 

 

 

 

 

Patrimonio, Rutas y el “Mapa del tesoro”

Patrimonio, Rutas y el “Mapa del tesoro”

El patrimonio histórico-artístico local

Este Patrimonio es al mismo tiempo un pozo sin fondo donde invertir; además de una oportunidad hacer y difundir conocimiento y cultura, porque el patrimonio es también un recurso didáctico. Y un recurso turístico a explotar y no solo para disfrute de los forasteros, porque hacer turismo en tu ciudad es también una experiencia peculiar (siempre te encuentras con gente del pueblo que no ves normalmente).

Viviendo en un pueblo, trabajando en temas tan locales y tan conectada con el mundo digital, era de esperar que mi idea de digitalizar el patrimonio tuviera más que ver con la gamificación que con el trabajo meticuloso de escaneo, fotografía, retoque, almacenaje y generar nuevos archivos a conservar.

Quizás porque descubrir la Historia me apasiona, la puesta en valor a través de la experiencia es un asunto que siempre me ronda.

 las Rutas.

Las rutas temáticas son tendencia en el turismo y han venido para quedarse. No solo las rutas históricas, es más las gastrónomicas y enológicas son toda una institución. Desde las oficinas de turismo de los pueblos más pequeños hasta la señalética de rutas histórico de cualquier provincia o Com. Autónoma; todo Técnico de Turismo que se precie debe tener un par de ellas para ofrecer a sus clientes (turistas y políticos). Creo que el “éxito” y la apuesta por ese producto turístico, es su promesa de una inmersión en el mundo que quieren mostrar. Aunque en la mayoría no pasar de un folleto y/o una placa en una fachada.

¿quizás aspiran a ofrecer una experiencia total?

La mayoría no aspiran a ello. Y no porque no tengan material, que seguramente lo tienen, sino porque la oferta no tiene imaginación (creatividad), no tiene sentido (valor para la comunidad) y no responden a una estrategia. Solo son una copia formal de otras estrategias, y por eso no tiene un plan. Un plan para conectar con la gente, es decir basarse en su realidad local, y hablar a sus sueños.

El mapa del tesoro

El proyecto de gestión del patrimonio que toda relaciones publicas-historiadora-aprendiz de hacker-gestora cultural independiente tiene escondido en su interior es crear una experiencia de inmersión en un universo único. Y con crear me refiero a identificar el potencial de un entorno-contexto y diseñar el plan y las herramientas que permitan esa experiencia.

En cuestión de patrimonio histórico, material e inmaterial, mueble e inmueble, para mi, el referente es Colonial Wiliamsburb y su apuesta por la recreación histórica integrada en una ciudad, que sin duda, tendrá otros sectores económicos y que, de hecho tiene otras ofertas turísticas.

Peor me parece igualmente interesante, por otros motivos, “las fiestas del medievo de Villena“. El proceso por el que una comunidad (los vecinos del barrio del Rabal) han hecho suyo y han dotado de personalidad propia, lo que empezó siendo un mercado medieval corriente y moliente, para convertirlo en una experiencia.

Cuando vi los créditos de inicio de “Juego de Tornos”, pensé: quiero ese mapa para mi investigación. Un mapa donde reconstruir, una y otra vez, el paisaje que se va construyendo ante mi a medida que descubro localizaciones en los documentos.

Cultural, estrategia y gestión

Un plan estratégico para la Cultura es, inevitablemente, una apuesta por una estrategia de Desarrollo Local.

Inevitable, porque de lo contrario, de estar separadas, inconexas, ambas estrategias, en el fondo, y muchas veces en la forma, no tendrán sentido. Y ya se que el Desarrollo Local es más que la suma de todos los sectores locales y tiene muchas variables. Pero hablando de cultura y en local, las acciones y actividades culturales van ligadas, directamente, a la vida de la gente. A su ocio, a su percepción del valor de la localidad, a su formación y al tiempo que dedican a trabajar para las asociaciones a las que pertenecen.

Están ligadas, también, a través de la economía local, a  las empresas culturales y a las empresas mecenas. Y están, finalmente, ligadas a la vida de la gente por el relato de la ciudad.

Si el DL es una estrategia de estrategias. El plan estratégico para la Cultura es pues un medio y un objetivo.

Por mi experiencia (y mi observación) en proyectos de comunicación cultural, turística y emprendimiento, y las muchas conversaciones asociadas a esos proyectos;  me interesan especialmente las estrategias que apuestan por “un potencial del territorio”.

Porque así están ligadas a la realidad y son las personas implicadas las que van construyendo y optando por los objetivos de ese potencial: que se mantenga cierta característica, que crezca, que se amplíe, que evolucione, ….

 

Dime que resultado necesitas y te diré quien eres

Si quieres vivir mejor, eres Empresa.

La gente de empresa necesita (necesitamos) vivir bien con su trabajo.

Es decir, necesitas ganar el dinero suficiente para vivir la vida que quieres, ya sea ganando más clientes o cobrando más por el trabajo realizado.  Con el objetivo, no siempre declarado, de desarrollar tu profesión o talento lo mejor que sabes. Para hacer que tu empresa sea más ideal, más a tu medida.

Y para conseguir ese ideal, arriesgas tu bienestar. Es decir, inviertes tu dinero (ahorros, préstamo, …) y tu tiempo. Y lo más valioso de todo, arriesgas tu energía e ilusión.

Lo pones todo al servicio del cliente para alcanzar ese ideal de empresa/profesión que hace tu vida, y las de tu comunidad, más interesante.

Evidente esto varía según la empresa, su tamaño, formas de trabajar, … Pero por lo general, la persona responsable de una Pyme, arriesga su bienestar para desarrollar un proyecto personal.

Si quieres una buena reputación, eres una Institución

La Administración Pública en cualquiera de sus versiones (Museo Provincial, Instituto de X, Observatorio de Y, Agencia de Desarrollo Local, Oficina de Turismo, Área de juventud, …) necesita demostrar que su trabajo es valioso.

Las empresas también lo necesitan, porque sino no venden a los precios que les permiten vivir, pero lo desarrollan de otra manera.

Las instituciones públicas necesitan una buena opinión pública, la satisfacción del “cliente” que no ha pagado nada concreto, pero sí paga impuestos. Deben demostrar que son necesarias en la vida de la ciudad y/o la ciudadanía y que usan bien el dinero que tienen.

Pero, a nivel personal, no arriesga “nada”, porque con mayor o menor presupuesto, las instituciones seguirán existiendo.

Ahora bien, las instituciones funcionan gracias a las personas. Concretamente, gracias a las personas competentes, con imaginación y pasión por su trabajo. A veces es el técnico, a veces el político, a veces el conserje (este último caso es más difícil ya que no tiene poder de decisión sobre el presupuesto).

Y estas personas sí arriesgan energía e ilusión en hacer sus instituciones tan buenas como puedan llegar a ser.